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Intoleranzen

Grasas y aceites

 

Las grasas siempre fueron consideradas una causa de sobrepeso e incluso de la formación de diabetes mellitus. En la antigua pirámide de los alimentos de la Organización Alemana de Nutrición (DGE) las grasas figuraban en un rango muy elevado como alimentos a evitar. Esto se ha cambiado radicalmente y nosotros, los médicos Mayr, utilizamos los valiosos aceites hasta como remedios terapéuticos. Las denominaciones principales que siempre aparecen en la literatura y la declaración de los alimentos son las grasas insaturadas, las grasas poliinsaturadas, las grasas saturadas y las grasas trans.

Nomenclatura:

La denominación de los ácidos grasos se lleva a cabo de conformidad con distintos criterios. De un lado se señala el número de átomos de carbono (18, 20, …) y de otro lado el número y la posición del enlace doble dentro del ácido graso. En ello, los átomos C se clasifican desde el final soluble en grasa (omega) resultando por ende en la denominación omega 3 u omega 6 u omega 9 pues el primer enlace doble está situado en un átomo C 3, 6 o 9. Además, es importante para el enlace doble si los átomos de hidrógeno se encuentran en una configuración cis o una configuración trans.
Las grasas poliinsaturadas son esenciales, o sea, vitales y deben incluirse en la alimentación. De todos modos, es muy relevante que las grasas polinsaturadas se encuentren en un cierto equilibrio. Si aquel equilibrio se altera, el sistema cibernético entre la generación y el impedimento de inflamaciones se pone en peligro. En final, todo se lleva a cabo al nivel de las interleucinas.

Las tareas de los ácidos grasos esenciales en el cuerpo

Como ya hemos mencionado, los ácidos grasos deben cumplir con una variedad de tareas en nuestro cuerpo, algunas de las cuales son vitales. Son componentes esenciales de las membranas celulares y subcelulares e influyen en la deformabilidad de las células. Esto tiene un efecto tanto en la microcirculación como en la elasticidad de los vasos sanguíneos. Por causa de su carácter dipolar pueden neutralizar ácidos y bases por lo cual tienen un efecto equilibrador en el equilibrio ácido-base. Mejoran la función de las glándulas digestivas. Ejercen una influencia relevante en el crecimiento de las células, o sea, del organismo completo y también de la división celular en sí. Los ácidos grasos esenciales tienen mucha relevancia en especial para el desarrollo de órganos con un consumo elevado de oxígeno como por ejemplo del cerebro. Experimentos pre-clínicos con animales mostraron que la falta de ácido linoléico produjo problemas de aprendizaje de por vida en los animales de laboratorio.
Los ácidos grasos omega 3 y omega 9 se conocidos por su efecto disminuidor en el nivel de colesterol. La dieta mediterránea se basa en el efecto del aceite de oliva que es rico en el ácido graso insaturado omega 9 “ácido oleico”.
Por lo general  estamos lamentando en el presente una carencia de ácidos grasos omega 3. Por ello, tenemos que poner más cuidado al seleccionar los ácidos grasos poliinsaturados que ingerimos ácidos grasos omega 3 o sea ácidos linolénicos y o sea el ácido eicosapentanoico (EPA) y el ácido decosahexanoico (DHA) que se sintetizan de ellos. En la naturaleza, la proporción entre ácidos grasos omega 6 y omega 3 es por regla general de 4 a 1. En realidad, con nuestra alimentación cotidiana ya podemos alegrarnos si llegamos a una proporción de 20 a 1. Por ello, deberíamos concentrarnos más en los ácidos grasos omega 3. Son ellos que neutralizan el efecto pro inflamatorio del ácido araquidónico  que se genera de los ácidos grasos omega 6 o sea que tienen un efecto antiinflamatorio a través de la reducción de prostaglandinas en la tercera fila, que fomentan el rendimiento cerebral, tienen un efecto antidepresivo, bajan el colesterol LDL y tienen un efecto antiagregante plaquetario o sea con los ácidos grasos omega 3 podemos ahorrarnos la aspirina para el profilaxis antitrombótico.
En cuanto al efecto antiinflamatorio y la disminución de colesterol, el ácido graso del aceite de olive y del aceite de colza tiene un efecto parecido.
Justamente en lo relacionado al aumento de los “silent inflammations” como causa de las demás enfermedades de civilización los ácidos grasos omega 3 y omega 9 adquieren cada vez más importancia.
Ahora, se presenta la pregunta si es suficiente ingerir aceite linocénico o si es preferible comer pescados de agua fría o tomar cápsulas de omega 3.
El aceite linolénico contiene ácido linolénico. Este se transforma a través de varios niveles reducción enzimática, ácido decosapentanoicio y el ácido decosahexanoico a prostaglandinas de la tercera fila. La enzima decisiva es la desaturadora delta 5 que descompone el ácido graso omega 6 ácido linolénico hasta que se produzca el ácido araquidónico de mala fama. Si hay mucho ácido linolénico, falta desaturadora delta 5 para producir el ácido araquidónico y se forman más prostaglandinas antiinflamatorias de la tercera fila.
Ahora bien, si existen personas que no tienen suficientes enzimas desaturadoras delta 5. A ellos, el ácido linolénico les sirve poco sino para ellos son más eficientes los pescados de agua fría o cápsulas de omega 3 que ya vienen con EPA, DPA y DHA.

Presencia natural:

Los ácidos grasos insaturados se encuentran tanto en alimentos de origen animal como de origen vegetal. El aceite linolénico como representante principal de los ácidos grasos omega 6 es una forma de almacenamiento esencial de las grasas vegetales. Encontramos concentraciones más altas en semillas vegetales pero también en grasas de origen animal como la mantequilla. Diferentes plantas inferiores como los helechos, musgos y algas pueden sintetizar ácido linolénico del ácido linólico lo cual no es posible dentro del organismo humano. Por ello, encontramos en estas plantas y en los animales que se alimentan con ellas concentraciones elevadas del ácido linolénico, el representante principal de los ácidos grasos omega 3. De todos modos, cabe observar que la concentración de aceite linolénico es normalmente inferior a la del ácido linólico. Aparte de linaza, cáñamo y soya también encontramos altas concentraciones de aceite linólico en la caza, los corderos y los pescados de agua fría. Inclusive los animales de cebo que como muchas nueces y se mueven mucho en un clima frio tienen concentraciones considerables de omega 3 en su grasa. Ya se habla de los así llamados “cerdos omega 3”.  De todos modos, hay que tener cuidado de no dejarse engañar más bien por una estrategia de marketing un poco indecente. Si la lecha procede de vacas que pastan o que sólo comen heno y piensos en la vaqueriza, se puede analizar en la industria alimenticia por medio de la concentración de los ácidos grasos omega 3 en la leche. Vacas que pastan tienen por supuesto mucho más ácidos grasos omega 3 en su leche.

La cantidad diaria requerida de ácidos grasos esenciales depende de diversos factores. Juegan un papel en especial la constitución, la actividad física, el estado alimenticio y el estrés general. Los hombres tienen por lo general una necesidad más elevada que las mujeres y, lo que es interesante, los obesos tienen más necesidad que las persona de peso normal. Un adulto sano requiere de la cantidad diaria de 3 a 9 gramos de ácido linólico omega 6 lo que equivale a 1 a 2 por ciento de la demanda diaria de calorías. La necesidad de ácidos grasos omega 3 y, en especial, del ácido alfa-linolénico es de 0,5 a 2 gramos por día. Debe hacerse mención que para el aprovechamiento de ácidos grasos insaturados se requieren de suficientes co-factores. Estos co-factores son en especial vitamina E, vitamina B3, vitamina B6, vitamina C, magnesio y zinc. Los ácidos grasos importantes para la salud sólo pueden llenar sus tareas cuando los co-factores también estén presentes en cantidad suficiente o sea cuando el cuerpo puede ingerirlos en cantidad suficiente.

En la naturaleza, los ácidos grasos poliinsaturados aparecen sólo en la forma cis. Sólo en la forma cis pueden desplegar su efecto saludable. De todos modos, en el marco de los procesos industriales pueden mutar a ácidos grasos trans. En esta forma, los ácidos grasos presentan un riesgo considerable para la salud. Se fomenta a la arteriosclerosis, los ácidos grasos se descomponen con más lentidud y ya no tienen un efecto positivo en el metabolismo. Por suerte, los ácidos grasos trans se van prohibiendo cada vez más y – como era de esperar – no tiene esto una repercusión negativa en la oferta de alimentos o en el placer culinario. Esto suscita la pregunta de por qué estas grasas adversas a la salud fueron y siguen siendo producidas en total.

En el marco de la terapia MayrPrevent® debemos poner el énfasis en lo relacionado a la ingesta de gras en los ácidos grasos omega 3 y omega 9. Por ello, el aceite de linaza, de colza y de oliva, y para variar, también el aceite de cáñamo, de nogal y de semilla de uva son añadiduras excelentes para la dietética.

Los aceites no pueden ni podrirse ni fermentarse por lo cual son inocuos para el aparato digestivo. Su efecto antiinflamatorio apoya al tratamiento de cualquier inflamación e irritación de la mucosa intestinal y de todos los demás procesos inflamatorios. Además, son muy idóneos para la dietética inocua y de alto poder calórico de los distróficos.

Es de mucha relevancia que se almacenen en especial los aceites ricos en omega 3 de forma hermética a la luz y fría. La reputación del aceite de linaza de tener mal saber se basa principalmente en que se estropean por un almacenaje inadecuado. En forma fresca si tienen un sabor excelente.

Resumen:

Los ácidos grasos omega 3 presentan los siguientes efectos positivos:

• anti inflamatorios
• disminuyen el colesterol LDL
• disminuyen el colesterol HDL
• disminuyen los triglicéridos
• frenan la agregación plaquetaria y aumentan la flexibilidad de las paredes de los vasos
• anti-depresivos
• anti-diabetógenos
Los ácidos grasos omega 9 tienen un efecto parecido, sólo les falta el efecto de frenar la agregación plaquetaria, de aumentar la flexibilidad de las paredes de los vasos y anti-depresivo.

La aplicación de aceites con alta proporción de omega 3 y omega 9 son una componente esencial de la dietética en la terapia MayrPrevent®.

 

 
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